Se ahoga Quintana Roo en un mar de sargazo

Columna por Miguel Gallareta

Por una vez, la polémica de mantener los ingresos de divisas y los empleos generados, no ha girado en las últimas semanas en torno a la amenaza que representa el incremento gradual de la violencia en Cancún y Playa del Carmen; tampoco por el cobro de un impuesto a los hoteleros o las recomendaciones de Estados Unidos para no viajar a nuestros destinos turísticos.

En estos momentos, las autoridades estatales y los hoteleros están más preocupados por una realidad que ya no pueden disimular porque la evidencia salta a la vista con formas y olores poco atractivos para la mayor parte de la población: el sargazo está afectando la economía de nuestro estado, una entidad que ha alcanzado cierto nivel de desarrollo gracias a la industria turística, que es, querámoslo o no, prácticamente la única fuente importante de ingreso para la entidad y una de las primeras para el país entero.

Propietarios y/o empleados de hoteles y centros de hospedaje de Cancún y la Rivera Maya, afirman que las cancelaciones incrementan día con día y que las personas que llegan porque desconocen la magnitud del problema, reducen su estancia en la playa y prefieren regresar a casa anticipadamente, o en el mejor de los casos, pasar el resto de sus vacaciones visitando cenotes, zonas arqueológica o pueblos con encanto de la Península de Yucatán.

La problemática, sin embargo, no atañe de manera exclusiva al sector turístico, porque algunas especies marinas como cierta variedad de tortugas ven imposibilitado su arribo a las playas para desovar en esta temporada en que acostumbran reproducirse.

Sabemos que los fenómenos naturales no escogen el momento para afectar a la población, pero que el arribo masivo de sargazo esté sucediendo en pleno verano, solamente ha producido que la derrama económica disminuya de manera considerable.

La invasión desmedida del alga (o arribo inusual como le nombran de manera oficial) es un fenómeno natural cuyo origen se desconoce a ciencia cierta, pero que algunos expertos consideran consecuencia del cambio climático por la grave depredación que los seres humanos hemos provocado. ¿Nos está cobrando la naturaleza la factura?

¿No está diciendo de manera indirecta que detengamos, de una vez por todas, la destrucción de manglares y otros recursos naturales, para construir sobre ellos más cuartos de hotel?

¿Estamos abriendo los oídos para escuchar este posible llamado?

Tal parece que propuestas como la limpieza de playas, enterrarlo en la arena o el establecimiento de barreras de contención para evitar su arribo a las costas, solamente han sido paliativos poco efectivos, porque el alga continúa su arribo y porque las enormes cantidades propician que en lugar de poder emplearlo como fertilizante o medicamento, se esté convirtiendo en un depredador del suelo marino.

La senadora Luz María Beristaín Navarrete convocó a una mesa de diálogo entre ciudadanos, hoteleros, especialistas y legisladores. Una importante iniciativa que, para que produzca efectos realmente positivos a la entidad, deberá integrar en una gran estrategia, las propuestas de todas las voces, por discordantes que parecieran, en la búsqueda de soluciones reales.

Sin duda en este diálogo que inicia el 10 de agosto donde el factor económico tendrá un peso especial, pero la propuesta fracasaría si no se consideran otros aspectos muy relevantes como el ecológico y el social.

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